25 de julio de 2008.
Snasa-Bjorli;
Me levanto a las 8:00. Una ducha, y un desayuno de buffet. He de
decir, que en los dos sitios más caros donde he dormido he notado
que el desayuno no tenía mucho que ver con el resto.
Hay una luz espléndida. Está totalmente despejado. Anoche llegué
al hotel casi a oscuras pero hoy con luz puedo ver que el sitio es
precioso.
Tenso y lubrico la cadena, recojo, pago y arranco. Se me ha hecho un poco tarde, pero, ¿y a quién le importa? Hace días que ya se me han ido las prisas.
Retomo la E6 dirección sur en el mismo punto donde la dejé ayer.
Veo un águila en las inmediaciones del aeropuerto de Trondheim.
Estoy media hora larga intentando acercarme un poco pero el zoom que
llevo, un 300, se me queda corto, y el bicho no me quita ojo…
Llego a Trondheim. Hoy no quiero problemas, me dispongo a comprar en un supermercado pero no se dónde dejar la moto de manera legal. En esto que aparece la señorita de la O.R.A y le pregunto. Es una joven y alta morena preciosa que podría ganarse la vida como modelo. Mientras me explica que tengo que llevarme la moto a tres manzanas y volver al súper andando, todo ello con una sonrisa de oreja a oreja, viene un viejete que le empieza a increpar por denunciarle al pasarse de la hora en el estacionamiento; aunque no les entendía casi nada sé que no le dejó ni terminar, borró la sonrisa y le dio un repaso de aupa, no me gustaría estar en el pellejo del abuelete, que se dio la vuelta y se fue con la cabeza gacha. Cuando volvió conmigo no sabía ni qué decirle. Yo, en mi línea de ir haciendo amigos por donde quiera que voy, no se me ocurre otra cosa que decirle que qué trabajo tan malo tenía…Para que dije nada. Se ofendió. Y en un momento me argumentó sus por qués. Que era un servicio público, que alguien tenía que hacer cumplir la ley, que le gusta estar en contacto con la gente y que le encanta su trabajo. En ese momento me di cuenta de otra gran diferencia entre españoles y el resto de europeos.
Llego a Trondheim. Hoy no quiero problemas, me dispongo a comprar en un supermercado pero no se dónde dejar la moto de manera legal. En esto que aparece la señorita de la O.R.A y le pregunto. Es una joven y alta morena preciosa que podría ganarse la vida como modelo. Mientras me explica que tengo que llevarme la moto a tres manzanas y volver al súper andando, todo ello con una sonrisa de oreja a oreja, viene un viejete que le empieza a increpar por denunciarle al pasarse de la hora en el estacionamiento; aunque no les entendía casi nada sé que no le dejó ni terminar, borró la sonrisa y le dio un repaso de aupa, no me gustaría estar en el pellejo del abuelete, que se dio la vuelta y se fue con la cabeza gacha. Cuando volvió conmigo no sabía ni qué decirle. Yo, en mi línea de ir haciendo amigos por donde quiera que voy, no se me ocurre otra cosa que decirle que qué trabajo tan malo tenía…Para que dije nada. Se ofendió. Y en un momento me argumentó sus por qués. Que era un servicio público, que alguien tenía que hacer cumplir la ley, que le gusta estar en contacto con la gente y que le encanta su trabajo. En ese momento me di cuenta de otra gran diferencia entre españoles y el resto de europeos.
Al final, con eso del rollo del turista se apiadó de mí y me dejó
parar en la puerta.
Busco un sitio para comer, no puedo aguantarme y a una pareja que va
a por su moto le pregunto que cómo en una ciudad grande dejan sus
cosas así.
Se ríen, y me preguntan que si en mi país no es así. ¡Pues no! Me cuentan que cogen el móvil y la cartera por si lo necesitan y que lo demás, ¿para qué quieren llevarlo consigo? Les pesa. ¿?
Por fin al aire libre y al sol. Me quedaría en la hierba lo que
queda de día viendo pasar la gente de un lado para otro, pero hay
que avanzar.
Alguno se haría protestante...
Me queda la tarde para rodar. Llevo toda la mañana sintiendo tirones y escuchando un chasquido por la parte del basculante y la rueda trasera. He mirado en dos ocasiones y no he observado nada. Aunque voy mosca prosigo…
Sigo E6 sur por Oppdal, hasta Dombas, giro en la E136 dirección
Lesja pues he reservado una hyter en un camping en Bjorli. Ruedo sin
prisa. La carretera se torna solitaria. De nuevo solos los dos sin
cruzarnos apenas coches. Se nota muchísimo que hemos descendido el
círculo polar pues el sol vuela hacia el horizonte, y nosotros lo
hacemos en su busca.
El sol se despide, me detengo en una casa y pido permiso a sus propietarios para sacar alguna foto de las vistas. ¡No me canso de decirlo! Que gente más simpática y amable.
El sol se despide, me detengo en una casa y pido permiso a sus propietarios para sacar alguna foto de las vistas. ¡No me canso de decirlo! Que gente más simpática y amable.
Ya he entrado en reserva hace un rato. Así es que paro en la
siguiente gasolinera.
Al bajarme de la moto encuentro el problema. ¿Lo adivináis? El
eslabón maestro se ha partido, pero sólo de un lado.
Lo he encontrado porque ha dado la casualidad que se ha quedado justo a la vista. Por la mañana tensé la cadena sin el equipaje encima, y la tensé en exceso. Llevo más de 200 km con el eslabón en ese estado. Antes de sulfurarme y perder los nervios veo los colores del anochecer.
Intento repostar pero no acepta la tarjeta de crédito. Resoplo mientras noto como se hincha la vena del cuello. Llamo para avisar al camping que he tenido una avería. La señora me dice que pida un taxi. ¿Un taxi? ¿Y para qué demonios quiero yo un maldito taxi? Le digo que yo me quedo con la moto y que ya llamaré.
Lo he encontrado porque ha dado la casualidad que se ha quedado justo a la vista. Por la mañana tensé la cadena sin el equipaje encima, y la tensé en exceso. Llevo más de 200 km con el eslabón en ese estado. Antes de sulfurarme y perder los nervios veo los colores del anochecer.
Intento repostar pero no acepta la tarjeta de crédito. Resoplo mientras noto como se hincha la vena del cuello. Llamo para avisar al camping que he tenido una avería. La señora me dice que pida un taxi. ¿Un taxi? ¿Y para qué demonios quiero yo un maldito taxi? Le digo que yo me quedo con la moto y que ya llamaré.
Compré dos eslabones de repuesto la tarde antes de salir de Madrid.
Pero no estaban donde siempre los guardo.
En ese instante me pregunto: ¿No has aprendido nada en el camino? Los hechos y las circunstancias en la vida vienen y van, y hay cosas que están en tu mano cambiar, otras está claro que no. Así es que, para qué preocuparse de ellas.
Vuelvo a sonreír…admito que me preocupa un poco qué va a pasar
esta noche, pero como no tengo otra cosa que hacer, me pongo la
linterna en la frente y desmonto todo hasta que encuentro uno de los
dos eslabones. La gasolinera parece un mercadillo. Pasa un hombre con
un tractor, me imagino que estará flipando…
La cadena está revirada y me cuesta un montón montar el nuevo
eslabón maestro. Al final lo consigo. Recojo toda la herramienta y
paso las tarjetas de emergencia que guardé envueltas en las bolsas
del congelador y que llevo en el fondo de alguna bolsa.
Las de débito me dice que nanai, una de las dos de crédito tampoco
va y la última…
…la última sí; Para colmo la selección de idiomas no funciona en
inglés, así es que toca en Noruego. Pruebo un par de veces y
acierto. Primero introduces la tarjeta, te la acepta, eliges el
surtidor, el tipo de combustible, retiras la tarjeta, repostas y
recoges el ticket. Me doy cuenta de que en estos países siempre
tienes que pagar antes de disfrutar del servicio. Al principio me
molestaba pero al final te acostumbras.
Bueno, respiro tranquilo. Creo que mi hambre de emociones diarias
está más que saciada. Como es tarde llamo otra vez al camping. Me
dicen que tranquilo que me esperan o que me dejan las llaves puestas
en la cabaña número 1. Me quedan unos 45 km.
Ya a oscuras voy ligero por estas carreteras de segundo o tercer
orden casi desiertas sólo con el miedo de que se me cruce algún
animal. Aunque los km van cayendo se me hacen eternos. Un último
susto, es la segunda vez que me pasa en Noruega, aquí no se observan
tanto las normas de tráfico como en Suecia. Un coche adelanta a
otro, veo que encima me echa las ráfagas. Es decir, me ha visto pero
por sus santos genitales va a concluir su adelantamiento. El cable me
hace masa y pongo las largas, prosigo por el centro de mi carril y me
cago en toda su estirpe y todo lo cagable durante unos instantes pero
es inútil, de nuevo toca tirarse al pequeño arcén. De noche y sin
posibilidad de cogerle la matrícula es tontería, me resigno.
Finalmente llego a Bjorli. Como me advirtió la señorita del
camping, me paso el desvío y a los 500 metros de salirme del pueblo
me doy la vuelta. Una pequeña luz en una oscura carretera es la
señal, veo las hyter pero no la entrada. Rodeo el camping campo a
través entre la maleza, observo un montón de tierra de unos 25 o 30
cm que lo rodea y después una fila de árboles. Sin pensármelo dos
veces enfilo la rueda delantera hacía el montículo con decisión y
paso entre dos pinos. Es el momento off road del día. Aparezco entre
unas pocas tiendas y paro el motor antes de que me den una paliza. La
dueña del camping, Úrsula, me recibe y me lleva hasta la cabaña
mientras empujo la moto. Por fin.
440 km, 13 horas en moto.



















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