jueves, 1 de noviembre de 2012

16 de julio, Olderfiord-Alta-Spakenes



 
Miércoles, 16 de julio de 2008.
Olderfiord-Alta-Spakenes
Nos despertamos bastante tarde, los servicios del camping no invitan ni a una ducha.
Una pareja de alemanes se presta a ayudarme a engrasar la cadena.


Arrancamos hasta una cercana gasolinera para repostar y tomar algo caliente.
Comienza a descargar con fuerza la primera tromba del día y aparece en escena un ciclista, es Roland, pero nos traduce su nombre como Rolando. En seguida se acerca y comienza a hablar con nosotros, domina o se defiende hasta en cinco idiomas, para lo cual nos hace una demostración. Es un hombre extraño, enigmático e interesante. Medirá aproximadamente 1,80, lleva la cabeza rapada, el culote hecho añicos y heridas por toda la cabeza.
Entra en la tienda y sale al instante con una lata de espaguetis parece que de comida ya cocinada y una cuchara sopera; se la empieza a jalar delante nuestra así, en frio.
Mientras ingiere a cucharones la comida de la lata no para de hablar. Lleva en sus piernas 5000 kilómetros y partió de Alemania hace un mes.
Me quedaría todo el día con ellos pero no debo entretenerme mucho más, me queda todavía mucho camino por recorrer.
Así pues, me despido con un abrazo y deseándoles un buen viaje. Ellos bajaran por Finlandia. Yo retomo en solitario el descenso por la costa Noruega.

Llueve intermitentemente todo el día con más o menos intensidad. Comienzo a rodear lagos y fiordos entre una fina lluvia que a ratos me deja contemplar la espesura y hermosura de los paisajes que voy dejando atrás. Recapacito dentro de mi casco y me doy cuenta de que si hay alguna heroicidad en ir a cabo norte esta debe de residir en ir en bici o andando, y es que este sitio no sólo atrae a motoristas y caravanistas.
Esta es una de las carreteras más bellas por las que he rodado. Me siento raro rodando de nuevo sólo pero no tardo en coger el ritmo.




 Paro a la entrada de Alta a comer un kebab y una coca cola por veintitantos kr. Ya estoy experimentando de lleno los precios noruegos.

Me paso toda la tarde en la moto mojado, con frio y cansado. Me detengo a descansar varias veces con la excusa de contemplar el paisaje.


La tormenta que viene por la derecha lleva toda la tarde siguiendome...



 Comienza a oscurecer debido a la hora y lo encapotado del cielo, para de llover y la carretera se va secando. La terminación de mi espalda ya hace un rato que me pide echar el ancla y sin saber donde daré esa noche con mis huesos despierto de mi hastío para buscar un lugar para el cobijo. A los pocos kilómetros un pequeño cartel al filo de la carretera que reza “rooms” hace que decida probar suerte.
Tomo el desvío a la derecha y a 1,7 km y sin ver ni a un ser vivo me detengo ante una casa roja. Paro el motor y antes de que termine de quitarme los guantes y el casco tengo ante mi a la dueña, es tarde, son las 10 de la no se muy bien tarde noche.


 Me dice que le queda una hytter vacía con baño dentro, me la enseña por dentro y me dice que son 400 kr. Mientras decido qué hacer conversamos sobre su país. Le pregunto sobre su gran caravana y la abundancia de ellas en lo que llevo de país. Me cuenta que les gusta viajar y conocer otros lugares en su mes de vacaciones. Le comento que es mucho para mí y me lo deja en 300 kr. Hoy a estas horas y con el día que está haciendo no creo que encontrara nada mejor, otro día en otras condiciones…tampoco!!! Es preciosa, y los alrededores, mucho más. Toda la escena la envuelve una calma muy acogedora.

 Deshago el equipaje, me ducho y ceno algo de lo que llevo en las alforjas. Cojo la cámara en ristre y salgo a hacer fotos. No se como describir lo que siento y veo en este sitio.
Es un sitio alucinante y espectacular. Está al filo de un fiordo, el de Kafiord y es un sitio aislado y con unas vistas inmejorables. Estoy cansado de todo el día, pero el sitio es tan bello que algo me llama a salir enérgicamente de la cabaña y empaparme del paisaje absorbiendo las sensaciones que me depara este instante.

 Salgo con una sudadera ya que más que fresco debe hacer frío. El termómetro de la punta de mi toña mediante la suelta de moquillo y las manos me indican que la temperatura no bebe llegar a los diez grados centígrados pero la sensación térmica es solo de fresco. Camino unos cuatrocientos metros hasta una curva mientras admiro anonadado y boquiabierto las montañas mates que tengo en frente y los imposibles reflejos en el agua calma. Unas pocas nubes que flotan a media altura cambian a cada instante el paisaje. Me doy cuenta de que pasan en mi vida los segundos pero los doy por bien empleados, estoy haciendo lo que me gusta hacer, me llena en mi interior un sentimiento de felicidad.



 Sigo escudriñando con los ojos de un curioso niño todo lo que está a mi alcance, sólo oigo el canto de unas extrañas aves que parecen jugar conmigo y que parecen ser más curiosas aún que yo. No te tapes, si te estoy viendo!!!


 Me quedaría toda la noche en vela pero mañana será otro día, otro duro día.
Al final me acuesto a la una, para variar…
8 horas, 312 km.

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