jueves, 1 de noviembre de 2012

18 de julio. Tromso-Tromso


Viernes, 18 de julio de 2008.
Tromso-Tromso
Comienza la fiesta. Me levanto muy tarde. Aprovecho para mandar por mail la carta a Benjamín, que me dijo me traduciría al sueco para recurrir la multa.
Cuando monto el equipaje en la moto son las 14:00 del mediodía. Al intentar arrancar la moto no ocurre nada, ¿comorrrrrr? La batería no me había dado síntomas de agotamiento hasta ahora. A 300 metros del hotel hay una pendiente muy pronunciada, empujo hasta allí la moto y me tiro por ella. Me doy cuenta de que ya voy sudando. El día ha amanecido nublado y caen tres gotas. Meto segunda, la dejo caer y al soltar el embrague se bloquea la rueda trasera. Lo intento una segunda vez, meto tercera pongo el contacto y veo al final una curva, me pongo en pie y pego un culazo a la vez que suelto el embrague, la moto pega un trallazo y arranca, menos mal, parece que a sido sólo un susto. Detengo la moto para quitar el aire y tranquilizarme de la emoción mañanera y a mi derecha veo un pequeño escaparate. En su interior veo unas fotos espectaculares de auroras boreales y paisajes. No lo puedo evitar, meto la moto a un lado del local, va a ser sólo un segundo…
Como la estupidez humana no tiene límites y yo quiero hoy ser su máximo exponente, además de optar a los premios tontolaba del año, tengo la genial idea de parar la moto en vez de irme a dar una vuelta y cargar la batería. Pero algo pasa, huele a quemado, y aunque paro el motor hay un ruido raro, raro, algo sigue girando. Bueno, paso al local esperando y deseando que cuando salga todo se haya arreglado solo.
Alucino con las fotos, se trata de instantáneas de paisajes invernales realizadas por fotógrafos de allí. Van montadas en foan, son de diferentes tamaños y se venden.
Al final de la pequeña sala hay una mesa y detrás de ella se haya una preciosa y joven noruega. Es morena. Parece aburrida mientras se afana por retocar con un lápiz unos dibujos. Me dirijo a ella.
Se llama kristina, estudia bellas artes y trabaja en el verano para sacarse unas coronas.
Hablamos un rato sobre las fotos, sobre sus bonitos dibujos…si no fuera por el espacio me llevaría alguna foto. Son fotos a las que yo nunca podré llegar…
Alabo sus dibujos y tiene a bien regalarme uno, alucino, le pido que lo firme para cuando sea famosa, se ríe…
Nos despedimos y al pulsar el botón de arranque la moto hace un giro pero se viene abajo, no consigue arrancar, enfurezco por momentos, agarro la moto y me tiro con ella por los 50 metros que quedan de cuesta antes del semáforo y el cruce, apuro y consigo arrancar la moto, hace un ruido muy raro, ¿rodamientos?, ¿válvulas?, suena por el lado izquierdo.
Tomo la primera calle a la derecha y la moto parece que anda normal, pero con el dichoso ruido. No se a donde voy, ando unos dos km. No puedo más, no quiero que por no parar a tiempo se estropee algo grave. Encuentro un apartadero y me detengo.
Es llano, y se que como pare la moto…
Así lo hago, quito el contacto pero se sigue escuchando el ruido, me quito el casco, me agacho, es el maldito motor de arranque. Retiro la llave del contacto pero veo sorprendido que sigue girando. No puede ser…
Recuerdo que saqué el clausor para pintarlo, quizás haga mal contacto, o el relé del motor de arranque se haya quedado pillado…no lo sé.
Le doy varias patadas por si fuera el motor de arranque pero el ruido sigue haciendo sus ciclos, cada vez con menor intensidad, no puedo más que quedarme al lado de la moto hasta que el silencio se apodera de la escena. Entonces pongo la llave en el contacto pero está muerta…
Me jode sobremanera desmontar la moto en la calle y con las herramientas que llevo, pero no veo otro remedio. Quito el equipaje, el asiento y las tapas laterales. Toco la batería y está ardiendo. Rápido quito el borne de la moto y dejo que se enfríe. Me acuerdo de que al hacer el equipaje una de las herramientas de las que prescindí fue del polímetro, y ya me estaba acordando de él. Manoseé el cableado por debajo del clausor, busqué el relé del motor de arranque alrededor de éste pero no lo encontré. Me alejé de la moto unos metros mientras notaba como la vena de mi cuello se hinchaba por momentos. Me di la vuelta y contemplé la escena, todo el equipaje desparramado, la moto desmontada, las manos de grasa hasta las muñecas…era la primera vez que perdía los nervios y la sonrisa en este viaje, mientras veía como mis ilusiones se acababan aquí.
Cogí el casco y lo incrusté en el retrovisor escuchando un crujido…
Me senté a unos metros de la moto mientras me cagaba en todo lo cagable…
Respiré y me sosegué. Me acordé de algo que había leído por Internet, que los viajes sólo se acaban cuando se llega a casa y yo no podía quedarme así. Comenzaron a caer unas gotas. Pensé que allí sentado no se iba a arreglar la moto, así es que pregunté a un camionero por un taller, pero no sabía. Y luego le pregunté a una pareja, me dirigí a la chica mientras ella daba un salto para atrás. Al principio no me sentó muy bien, pero luego comprendí que era lo que toda persona normal hubiera hecho. Al señalarle la moto comprenden rápidamente de qué se trata. No saben, pero ella hace una llamada, al colgar me dice que hay un taller en la gasolinera de shell que hay a la entrada del pueblo, pero que hoy viernes cierran a las 4:00 en vez de a las 6:00 de los demás días.
Son las 3:30, les doy las gracias, monto otra vez todo como puedo y a empujar.
Voy sudando, me pesa todo, pero tengo que llegar. La gente me mira raro, deben pensar que me he quedado sin gasolina…
Llego finalmente a las 4 pasadas. Me dirijo a la chica que atiende la gasolinera, y me dice que el mecánico está detrás mía, menos mal, estoy salvado, debe ser mi día de suerte.
Es un tío bajo, regordete, sólo tiene pelo por los laterales de la cabeza, me recuerda a krasty el payaso (el de los Simpsom), sus uñas negras le delatan. Está junto a un tipo rubio, alto y delgado con unas gafas de sol en la cabeza. Los dos están tomando un café y hablando. Me dirijo al bajito, y le empiezo a comentar mi problema, que si me puede ayudar, pero antes de terminar de explicarle me corta y me dice que él no entiende de motos, Le insisto por favor para que le eche un vistazo por si fuera una cosa sencilla que a mí se me hubiera pasado por alto o para orientarme, pero me dice qué me pase el lunes, que el taller está cerrado. Tira el vaso medio vacío a la basura, se despide de su acompañante, se gira y se va.
Mil pensamientos se agolpan en mi cabeza y ninguno bueno. Definitivamente es mi día de suerte, de mala suerte. Hasta el lunes…No puedo perder 3 días. ¡Qué desastre!!!
El chico delgado me pide que le lleve a la moto y que la repita lo que le sucede y los síntomas. Me dice que parece un fallo eléctrico, claro que listo, y que no sabe de más talleres. Le pregunto por un sitio para comprar la batería, pues tengo claro que de todas formas hay que cambiarla. Hace una llamada y me dice que hoy ya no pero que al día siguiente en el otro lado de la isla hay un concesionario de suzuki. Me lleva hasta su coche, un mercedes 190 con más años que la tana y me escribe en un papel el nombre de la parada donde tengo que bajarme. Debo coger el número 42 que se coge justo al lado de la gasolinera.
El muchacho se llama Oyvind. Le doy mil gracias por la ayuda, me dice que tiene que marcharse, me desea suerte y se va. No me dio su teléfono ni nada así es que pensé que no le volvería a ver.
Saqué la conclusión de que en noruega también hay capullos, como en todos lados. Que había gente maja ya lo había comprobado.
Pensareis que aquí se acaba la historia pero no había hecho más que empezar. Le pido a Renata, la encargada de la gasolinera si me puede reservar otra vez por teléfono la habitación del hotel, pero al llamar le dicen que está completo. Me caen los sudores frios. Me voy hasta la moto y me quedo unos minutos mirándola sin saber qué hacer. Me permiten dejar por la noche la moto allí, a la luz de las cámaras de la gasolinera. Pero el equipaje lo tendría que llevar conmigo y de una sola vez no puedo. Mientras pienso en el marrón que me he metido, me pitan por detrás. Es Oyvind otra vez. Ha ido a recoger a su mujer al trabajo y ha vuelto porque no se había quedado tranquilo. Me dice que meta en su maletero mi equipaje y que me lleva a buscar un sitio para dormir. No me lo pienso, me acuerdo del chiste de la inundación, dios y la barca, y acepto. Introduzco el equipaje apresuradamente en su maletero .Su novia se llama Nayang, y es una sudafricana alta y preciosa. Probamos en una residencia pero está llena. Mientras me llevan a otra hablamos. El también tiene moto, una Aprilia Caponord.
En la segunda hay una nota que reza que volverán en un rato. Bajo las cosas y las dejo en el suelo, les agradezco muchísimo lo que han hecho por mi, no se como agradecérselo.
 
 Esta vez si, me apunta su número de teléfono y me dice que si tengo algún problema le llame. Nos despedimos y se marchan. Mientras intento asimilar todas las cosas que me han pasado en unas pocas horas. Alucino. Me percato de que son las 5:30 y todavía no he comido. Como algo de lo que llevo en las alforjas.
 
 Me acuerdo de Olivier, un francés que conocí años atrás haciendo el Camino de Santiago que me insistía en que había que confiar en la providencia. No le faltaba razón y tenía claro que habría más sorpresas. Me cambió la cara y volví a sonreir.
Sonrisa que me duró poco, pues al instalarme en la habitación compartida, me di cuenta que olvidé mis botas de montaña en el coche de oyvind.
Bajé a la recepción y le comenté mi problema a Anja, la chica que la regentaba. Me pide el número de teléfono y me llama desde el suyo y queda con oyvind en la gasolinera de shell en 15 minutos. Me visto y con el único calzado que me queda que no son las botas de la moto, unas chanclas, voy hasta el sitio indicado, en la bajada me destrozo los pies.
Tardo 30 minutos. Cuando llego no hay nadie. Pregunto a Renata y me dice que ha estado y que espere que ahora mismo viene.
Y al instante viene, pero no él, me busca un tipo alto, remangado, con los brazos llenos de tatuajes, un chaleco vaquero roído, el pelo le descansa en los hombros, en fin, un armario ropero, se dirige a mi. Y a mi me da mala espina, no entiendo lo que está pasando. Me empieza a hablar de la moto, me dice que vamos a sacar la batería, que quiere ayudarme. No se como demonios conoce mi historia. ¿Habrá estado escuchando cuando hablaba con oyvind? Ni idea. Me dice que quite la moto de ahí que no es un sitio seguro, ¿Cómo?, habla con Renata y le pide que abra el taller, ésta, le da el número de la clave para acceder desde la gasolinera al taller y abrir la puerta. Me dice que la meta allí. ¡Qué alguien me diga quién diantres es este tío!!! Tengo un mosqueo encima…no se si salir corriendo o qué. Le hago caso, pues si le conoce Renata…tonto de mi le pregunto si la cando, y me dice que no hace falta. Ya lo estoy viendo, esta noche se me lleva la moto. Estoy por dormir en la puerta del taller. Saco la batería en su presencia. Creo que se da cuenta que no quiero que toque mi moto. En realidad no me gusta que nadie lo haga. Me pregunta si conozco Biltema. Le enseño el papel que me escribió oyvind y me dice que ahí no vaya, que es caro, pero el me dice que conoce otro sitio más barato. Me imagino que se llevará comisión. Me dice que le siga, creo que ahora es cuando me va a dar con un palo en la cabeza, me quitará el dinero y mi maravillosa moto. Para que os voy a engañar, estaba acojonado vivo. Mi cerebro va a diez mil revoluciones por minuto, sigo sin saber que está pasando. Le sigo desconfiado, ya me he cansado, le pregunto directamente que quien es, y por qué me ayuda. Me dice que quiere que se arregle mi moto y no se que más, no le entiendo muy bien.
Salimos a la calle, Al otro lado de unas jardineras que hay en la gasolinera reclama a una pareja que se está dando el lote. Al dejar lo que estaban haciendo y mirarnos veo que se trata de un tío con bigote pelo medio largo, bajito y un pendiente con una cruz en una oreja. Ella, le saca media cabeza, está rellenita, va vestida y pintada un poquito gótica y no logro contar la cantidad de pendientes y piercing que le cuelgan de los labios, y nariz. Veo que conocen al tipo en cuestión. Ambos miembros de la pareja son taxistas, están al lado de la parada de taxis y se ve que están haciendo tiempo hasta que venga algún cliente. A estas alturas de la película ya no se si reír o llorar, no se si estoy despierto o soñando. Es un espectáculo estrambótico y surrealista. Entonces oigo como le dice el hombre de malas pintas al taxista algo de spanien motociclist y no se qué más. Entonces éste se dirige a mi y me dice muy serio, “buenos días caballero” “Qué tal caballero” me da la risa, se ve que es lo único que sabe en castellano y lo repite como un robot. En ese momento, saca una guía de la guantera de uno de los taxis y en un papel me hace un esquema con unas instrucciones para llegar al biltema ese dichoso.
Creo que no se como ni por qué pero en realidad me está ayudando y me doy la vuelta para agradecerle la ayuda, pero, no está, ha desaparecido. Le pregunto al taxista por él y se encoge de hombros. Le doy las gracias al taxista y voy en busca de Renata. Todavía sigo alucinando. Le digo que quién es ese hombre, que yo buscaba al otro, a oyvind, ella no sabe quien le digo. Le explico que quedé con el aquí y me pide el teléfono. Se lo doy y llama desde el teléfono de la gasolinera. Me dice que espere que en 10 minutos viene. Me invita a un café mientras espero. Yo no soy de café pero estoy temblando. Hace fresco y todavía no me he repuesto de tantas impresiones. Lo tomo y me doy cuenta de que es verdad todas esas cosas que he leído de los cafés del norte de Europa. Es aguachirri. Al momento llega oyvind, le cuento lo que me ha pasado y se descojona. Me dice que el hombre en cuestión se llama Kirk y que le llamó él. Antes trabajaba como mecánico de Harley davidson y ahora en toyota, y que es muy buen mecánico y una gran persona.
Bien ahora todo encaja, veo que soy estúpido y me siento ridículo, pero me quedo tranquilo.Veo que he ofendido a kirk. Me dice que no me preocupe.
Me dan una vuelta por la ciudad y sus alrededores, y se despiden recomendándome que suba al monte que hay enfrente de Tromso. Nos despedimos en el parking del teleférico que sube al monte y quedamos para el día siguiente, pues la tienda está lejos en transporte público.
95 coronas y para arriba. No tengo palabras, la tarde se ha quedado expléndida.
 
 
 
 
 Allí conozco a Orel, va a dormir en una cornisa con unas de las mejores vistas del mundo. me invita a una Mack, la cerveza que hacen aquí.
 Hablamos un buen rato y echo unas fotos.
 
 
A la 1:00 baja el último teleférico y yo con él. una caminata hasta el centro, y allí me siento en un banco.
La catedral del Ártico.
 
Observo a la gente que sale de fiesta, tomo fotos. Se ha ido el sol, pero hay ese extraño resplandor, y a las dos horas aproximadamente vuelve a levantarse al lado de donde se acostó. Es de locos...
 
 
 
 
Me retiro a mis aposentos, son las 4:00, los pájaros cantan, es de día...
Me duermo reventado, vaya día...y vaya sitio.



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