Martes, 22 de julio de 2008;
Svolvaer-Svolvaer
Me levanto y desayuno. El día está muy nublado y amenaza tormenta.
Hoy era el día destinado para ir hasta Andenes, el pueblo más al
norte de las islas Vesteralen, bueno, para ser correctos el más al
norte es el más corto, dicen que del mundo, “A”.
Andenes dista unos 200 km, más de dos horas y el motivo era coger un
barco para avistar ballenas. Me apetecía mucho, pero el tiempo no
era el mejor, el precio unos 120 euros y si no se veían o no se
salía te daban otro pase para otro día. Así pues sin saber si
llegaría a tiempo y si quedarían billetes, opté por cumplir con mi
cita de las 11.
Y cumpliendo su palabra me echó a andar las máquinas.
Eran parecidas a las del cole, pero estaban accionadas por correas planas, y sólo en
libros y en la voz de Vicente, el mejor profe que he tenido en mi
larga vida de estudiante había podido tan sólo imaginarlas
funcionando. Y era a 4500 km de casa y en el año 2008 donde había
dado un salto al pasado pudiendo olerlas, verlas, oírlas y tocarlas.
Así debían funcionar hace unos 40 o 50 años en España. Luego me
llevó a una sala llena de libros y una estufa en medio con cantos
rodados blancos y gigantes; allí nos sentamos a conversar. El tío
en cuestión era un bohemio que trataba de hacerse todo con sus manos
y su ingenio, y como no podía ser de otra manera odiaba las prisas y
quién las llevaba. Parece que tenía algún negocio de alquiler de
cabañas o algo así. Fue sin duda otro momento muy agradable.
Un torno paralelo,
Una limadora,
Durante el viaje he echado en falta no poder comunicarme con más
soltura para profundizar en las conversaciones con las personas que
me he ido encontrando por el camino. Por otro lado me he sorprendido gratamente, con mi reducido conocimiento del inglés cómo he avanzado al no
usar durante casi un mes el castellano.
Después de esto, reservo un billete para el ferry del día siguiente
y veo una exposición y un video de la vida animal de la zona en la
oficina de turismo de Svolvaer.
Entre suaves e intermitentes aguaceros decido poner rumbo al museo vikingo de Borg en el que tengo bastantes expectativas, a unos 60 km al norte.
Dejan casi todo en la moto...
El sitio es precioso…sólo un pero, no se a que mente privilegiada se le habrá ocurrido poner, con todos mis respetos, una iglesia tan fea y que tanto chirría con el entorno.
Son ya las 7 y se ha quedado una tarde fresca pero muy agradable.
Sin saber por qué ni a dónde me dirijo hacia el norte y a unos pocos km tomo un pequeño desvío a mi derecha por una estrecha carretera. Y de nuevo mi premio, acabo en unas playas de ensueño, de blanca y fina arena y de verde hierba con grandes montañas rodeándolas.
Me tomo mi tiempo en sentir ese sitio. Es otro momento de paz del camino. Vuelvo a insistir en que es un país para ir con la tienda de campaña, o con la caravana.
Vuelvo al puerto de Svolvaer con bastante frío. Me dirijo al
Bacalao, un bar de ambiente del puerto. Me acerco a la barra y me
preguntan que qué deseo. Hot milk, please. (Leche caliente, por
favor) jeje, la grácil y esbelta joven me señala el reloj y me dice
que lo siente pero que la cocina está cerrada. Ya sólo ponen copas.
La chica me ha entendido mal, o mejor dicho yo no me he expresado
bien. Ella me ha entendido “hot meal” comida caliente. Por más
que le digo que lo que deseo es un vaso de leche caliente no me
comprende. La tensión aumenta cuando le intento hacer entender que
tengo las manos heladas de montar en moto con los guantes de verano,
para lo cuál le tiendo mi gélida mano para que lo compruebe. Ipso
facto le cambió el semblante y dio un pequeño salto hacia atrás.
Ahora me río, pero en ese instante vi los titulares muy claros.
Tontolaba Español duerme en prisión por intento de acoso a una
camarera… ¡Hay que ver cómo se puede llegar a enredar una
situación!
Lo que en España puede parecer normal, en el resto de Europa no lo
es. El contacto entre desconocidos puede dar lugar a muy malos
entendidos. De hecho, cuando te presentan a alguna mujer suelen darte
la mano en vez de dos besos.
La chavala muy seria me preguntó que de donde era. Le dije que de
España. Me dijo que le hablara en mi lengua, y así lo hice. Resultó
que hablaba más y mejor castellano que yo inglés…
Por cierto, la leche riquísima oiga, un poco raro mientras el resto
de humanos de ese local apuraban sus cervezas y cócteles. No
obstante la bebida y el incidente fueron suficientes para entrar en
calor.
200km.
































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