jueves, 1 de noviembre de 2012

24 de julio; Fauske-Snasa


Jueves, 24 de julio de 2008;
Fauske-Snasa
La luz me hace abrir pronto los ojos. Recojo raudo pues quiero estar en este sitio lo justo y necesario.
Miro al cielo gris plomizo con resignación, mientras llovizna suavemente.
Ya en ruta me encuentro mucho mejor que ayer. Me deslizo por la carretera de curvas a mi ritmo, lentamente, sin atisbo de prisa, me detengo a sacar fotos o simplemente a deleitarme con el paisaje. ¡He venido a disfrutar!!!


Entre puentes, túneles y fiordos voy avanzando y gozando pese a la fina lluvia.
Me empapo de los sonidos de fuertes y rumorosas cascadas, y del magnetismo de estrechas y lisas carreteras.
Cambia drásticamente el paisaje y comienzo a subir un estrecho puerto de montaña, creo que paso lindando con un parque natural,


En la cima se abre la vegetación y deja paso a un serpenteante río que va recogiendo el agua de caudalosos afluentes que me lleva de nuevo hasta el círculo polar ártico, sólo que ahora lo despido con pena como mal augurio que me indica que irremediablemente esta aventura va tocando a su fin.

 
 

Después de pasar un gigante bosque de pinos y descender al lado de, esta vez, un precioso y encajonado río de alta montaña, que me acompaña hasta la entrada de Mo i Rana, malcomo en una gasolinera y prosigo la marcha, que el tiempo no es propenso al turismo. Parece que la zona vive de la fundición del acero y en invierno también de las pistas de esquí, que llegan casi hasta el centro de la población.
La lluvia cesa y me da un respiro. Aclara un poco aunque no puedo cantar victoria…

 
 
 
 
 
 
 
 
Ya por la tarde y en vista de que hoy no me había pasado nada reseñable los astros se volvieron a alinear para darle emoción a la cosa…
De repente mientras ruedo a unos 80-90 km/h veo en una curva con visibilidad, un mono de agua naranja fosforito sobre la carretera, de esos que tanto se estilan por aquí, y a su lado, un hombre haciendo señales con el brazo. Me temo lo peor…
Reduzco drásticamente la velocidad, le saludo y a 300 metros y pegados a la derecha veo gente y motos. Cuatro harley Davidson y delante otra con un sidecar. Me detengo a la altura de una pelirroja con coleta vestida como todos ellos, de cuero. Le pregunto que si les ha pasado algo y si les puedo ayudar. Me dice algo así como que están bien, que es un problema eléctrico y que uno de ellos es mecánico. Al verle trastear bajo el asiento con un polímetro me quedo más tranquilo. Les deseo suerte y un buen camino.
Prosigo y al momento paro a descansar. Cuando estoy a punto de reanudar la marcha veo y escucho pasar la flamante comitiva de motos. Parece que han resuelto sus problemas.
Me coloco a su cola y ruedo un rato con ellos, es agradable rodar un rato en buena compañía. Dejan atrás un agradable sonido de gordas, melódicas y acompasadas pistonadas. A los 20 minutos mi cuerpo me pide seguir mi propio ritmo y comienzo a adelantar y saludar primero a uno, luego a otro; cuando estoy sobrepasando al tercero veo que tiene una larga coleta. ¿Será la pelirroja? ¡Vaya moto chula que lleva! Al ponerme a su altura y mirar más que de reojo veo que me mira, y que luce un mostacho que ya quisiera para si bigote Arrocet. ¡La vin, que tío más feo! Enrosco el puño del acelerador y veo de frente a media distancia un precioso, blanco y brillante autobús. Exprimo aún más el gas, pongo el intermitente derecho y me acoplo entre el tío del bigote y la harley con sidecar.
Al mirar por el retrovisor veo que el harlero del bigote hace aspavientos con la mano. Parece que le he hecho frenar. No creo que haya sido para tanto pero no me duelen prendas en reconocer mi fallo de cálculo de distancia y rápidamente levanto la mano izquierda en señal de disculpa. No se que demonios entendería el pavo, pero vi por el retrovisor como se encendía. De repente tumbó la moto, me adelantó por la derecha casi rozándome, me cerró, se puso delante y pegó un frenazo. Clavé de alante y me fui al carril izquierdo para no comérmelo. Menos mal que no venía nadie de frente. ¡Será mameluco el tío éste!!!
Mi cabeza comenzó a trabajar a mil por hora, primero pensé en ponerme en paralelo, darle una patada y tirarlo a algún riachuelo, pero me aguanté las ganas. Sobretodo al acordarme que estaba rodeado, y que eran armarios vikingos. Permanecí inmóvil vigilando mis retrovisores y me escondí detrás de mi cúpula durante unos 10 minutos que se me hicieron eternos, a ver si se calmaba.

 

 Cuando vi la cosa tranquila y una recta despejada de por medio reduje una marcha y salí zumbando no sin antes girarme y saludarle con unas uves. El mal educado no me las devolvió, jeje, cosa que si hicieron los ocupantes del sidecar. ¡Hay que salá la pelirroja harlera!
Puse tierra de por medio hasta un punto en que mi pompis me rogó parar.
Mirar si fui rápido que adelanté a las nubes; se quedó una tarde espléndida, con una temperatura muy agradable y unos colores muy intensos.
Al rato vi a mi izquierda que el río se quedaba muy tranquilo reflejando como un espejo todos los colores y objetos haciendo difícil saber cuál era la imagen real y cuál la reflejada.

 

Poco más adelante pasé un precioso pueblecito y Observé una pequeña presa. Y como la cabra tira al monte pues me tiré al desvío y además de descansar y estudiar las obras hidráulicas de la zona coloqué la moto donde no se viera desde la carretera, para evitar males mayores.

 

A los 10 minutos escuche el sonido de los poderosos bicilíndricos pasar de largo, con lo que respiré más tranquilo.
Me quité el chubasquero y la braga de la garganta y me volví hasta el pueblo a descansar un poco, y de paso a darles ventaja.
Paré en una gasolinera a tomar un refresco y observé la siguiente escena; llegó un hombre de cierta edad, primero pensé que en una clásica restaurada, pero luego me di cuenta que era una kawa de 400 retro nueva. La cosa es que me llamó la atención porque hizo algo que sólo se puede ver con éxito en algunos países escandinavos.
Le dijo algo a un señor que repostaba, dejo la mochila en el suelo, a 10 metros de dónde yo estaba y se fue con prisa, por donde había venido. No sabía que pensar, si marcharme por si era una mochila bomba o meterme en mis asuntos. Hice lo segundo, claro. Imaginé que a lo mejor había perdido algo… ¡Es que hay por aquí una gente más despistada!!!

 

A los 5 minutos regresó, sonaba bien su moto. Se detuvo a 5 metros de mí, traía algo negro en las piernas. Se reunió con el hombre que repostaba y lo abrieron, era un chubasquero de moto. Uno de ellos se dirigió a mí y me preguntó si era ropa de moto.
 Le dije: claro, de hecho yo tengo uno igual, incluso de la misma marca. ¡Míralo!, lo tengo aquí. Al abrir la bolsa sobre depósito vi que no estaba…Y entonces recordé. Lo dejé encima del top case al parar en la presa. No me creían, y al explicarle dónde se me cayó no tuvo más remedio que devolvérmelo. Me exigió un café a cambio, que claro está se ganó a pulso, pues no os podéis hacer una idea del agua que me ha quitado en todo el viaje.

 

Vaya día llevo, otra más y hoy alcanzo el estrellato…directo a ganar los premios tontolaba del año.
El motociclista en cuestión se llamaba Haral, sobre su indumentaria se podría hablar largo y tendido. Venía del sur he iba al norte, a Hammerfest a una concentración de motos clásicas. ¡Maldición! De buena gana me volvía, pero los días ya eran más que justos. Le di las gracias y nos deseamos buen viaje. Un personaje curioso. No le entendía en exceso pues empezaba las frases en inglés y las terminaba en qué se yo.
Después de tantas emociones, eché unas últimas fotos, pregunté por un sitio para dormir y continué ruta para aprovechar los últimos rayos de luz.

 

Me dijeron que el siguiente pueblo era Snasa. Hacia allí me dirigí. Al entrar al pueblo, vi a un grupo de moteros pertrechándose para salir. Vi que uno miraba, y sin pensármelo dos veces pite y levanté la mano saludándole. Vi que el tío que estaba a punto de encajarse su casco abierto se quedó de piedra, noté como me clavaba su mirada a la altura del cuello. No os lo creeréis, pero era él; el harlero del bigote del cuál ya no me acordaba. Estoy seguro que me reconoció y creo que pensó que le estaba vacilando. Sudores fríos recorrieron mi cuerpo, sobretodo al ver que el pueblo no tenía salida, y escuchar cómo arrancaban sus motos. Vi dos chicas rubitas y me dirigí a ellas para preguntarles por un sitio barato para pernoctar. Recuerdo que aunque las escuchaba no quite ojo de los retrovisores, ni solté el embrague, ni saqué la primera…
Ya era tarde, pero el día había dado mucho de si. No elegí mucho porque no había dónde. Así es que para terminar el día pagué la inocentada de no reservar un sitio con antelación y me tuve que conformar con el sitio más caro de todo el viaje. Unos 700 nok, unos 80 euros de nada. Ni regatear me sirvió. No pasa nada. Ha sido otro increíble día.
500 km, todo el día en la moto.

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