Lunes,
21 de julio de 2008;
Lodingen-Svolvaer
(islas Lofoten)
Mientras
me levanto, ducho y recojo me dan las 12.
Son artesanos de la madera.
Tomo algo en el supermercado y me voy. Se suponía que hoy haría pocos kilómetros, pero al final hago unos 130 o 150 km.
Da igual, ya estoy en las Lofoten. He venido hasta aquí por todo lo que leído acerca de la especial luz que se puede encontrar aquí para fotografiar. ¡Espero encontrarla!
Son artesanos de la madera.
Tomo algo en el supermercado y me voy. Se suponía que hoy haría pocos kilómetros, pero al final hago unos 130 o 150 km.
Da igual, ya estoy en las Lofoten. He venido hasta aquí por todo lo que leído acerca de la especial luz que se puede encontrar aquí para fotografiar. ¡Espero encontrarla!
Ya
en Svolvaer me pasan los 8Gb de fotos que llevo a Cds. Hablo un poco
con el señor Hasselberg, que tiene a bien pasarme a su estudio y
enseñarme algunas de sus espectaculares fotos. Esto me sirve para
hacerme una ligera idea de lo que podría encontrarme por aquí. Sale
a despedirme y ve mi moto, casualmente la he aparcado al lado de la
suya, una sporter 883.
Me
recomiendan para dormir el sitio más económico, el albergue del
pueblo de al lado por unas 240 nok por noche.
Me
instalo en la habitación común y conozco a un carpintero sueco que
está aquí buscando trabajo. Conversamos un rato.
Después salgo a pasear por el pueblo donde voy a pasar la noche, Kavelvag, en una de las casas con grandes ventanales veo en su interior máquinas. No os lo he dicho, pero el oficio que estudié es el de tornero-fresador, y ver antiquísimas máquinas me llamó mucho la atención. Tanto es así que me quedé literalmente pegado al cristal observando mil y un detalles de las joyas que había encontrado.
Después salgo a pasear por el pueblo donde voy a pasar la noche, Kavelvag, en una de las casas con grandes ventanales veo en su interior máquinas. No os lo he dicho, pero el oficio que estudié es el de tornero-fresador, y ver antiquísimas máquinas me llamó mucho la atención. Tanto es así que me quedé literalmente pegado al cristal observando mil y un detalles de las joyas que había encontrado.
Me devolvieron a la realidad con un “Can i help you?” ¿Puedo ayudarte? Di un respingo y volviendo la cabeza vi al dueño de la casa con cara de sorpresa y dos chavalines detrás de él intrigados. Me quedé muy cortado. Le expliqué que trabajaba con ellas y que no esperaba encontrarme esto en tan recóndito sitio. Me dijo que estaba ocupado jugando con sus hijos pero que si quería verlas funcionar fuera al día siguiente a las 11. Me despedí y continué el paseo.
150 km, 3 horas en moto.















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