martes, 3 de marzo de 2009

2 de julio, Madrid-Pamplona

2 de julio de 2008;

Madrid - Pamplona

Termino de montar las alforjas y todo el equipaje, y a la 13:45 horas estoy listo para partir, estoy rendido del ritmo de los últimos días, me encuentro agobiado y con toda la equipación de la moto, sudando la gota gorda y jurando en hebreo mientras ato todos los cabos sueltos que me quedan. Saco la moto del garaje y al arrancar me parece observar una gota que se descuelga del protector del carter. ¡No puede ser! En fin, parece que es aceite pero al estar la moto limpia, no se de donde procede. Da igual, no puedo más, me despido y me voy. ¡Que sea lo que tenga que ser!



Me había imaginado el momento de la partida de decenas de formas, pero nunca así.

Arranco el motor, retiro la pata de cabra, pinzo el embrague, meto primera y acelero, mientras en mi interior grito “por fin”. Miro por mi retrovisor, voy dejando atrás la calle donde vivo, me parece mentira que sea realidad que ya esté en ruta.

No me apetece atravesar Madrid y opto por tomar la M-40. Voy incomodísimo, todo me pesa, me molesta, me pica. Hace bastante calor, son las 14:15 de un miércoles y el tráfico es denso, pongo rumbo a Soria por la nacional, pasado Guadalajara.

Camino a Soria atravesé una especie de llanuras cuando de repente a mi derecha vi un monte peculiar, era grande y ancho, con la cresta cortada, me era familiar, vi un cartel y todo me encajó, se trataba del Moncayo, ese del que hablaban en sus crónicas Soriano y Diebel91.

Al entrar en Soria, miré para abajo y vi mi bota derecha pringada de algún líquido; paré y me bajé de la moto. Tenía todo el pantalón y la bota empapada en aceite, además todo el motor, caja del filtro, basculante, rueda, disco y pinza de freno trasera, en fin un desastre. Mirando un poco encontré el problema, faltaba un de los tornillos de la tapa del filtro de aceite. Ya estaba un poco pasada la rosca, y al cambiar el filtro lo debí pasar del todo. ¡Empezamos pronto!!!

Al llegar a Soria busqué una ferretería y busqué unos tornillos. Al no tenerlos de la longitud adecuada, los compré más largos y suplementé con arandelas. Mientras intentaba solucionar el problemilla comienza a llover, así es que termino y continuo camino.



La lluvia me acompaña hasta Pamplona.

Allí, buen recibimiento, mi hermana pequeña me tiene preparadas unas berenjenas rellenas para cenar, una ducha caliente, y mañana será otro día.

450 Km., 7h de viaje.

1 comentario:

Roberto dijo...

Pero qué chapuza tan grande Carlitos, qué chapuza!!
Matarte era un deber!

Cntinúo a ver si hay más