jueves, 12 de marzo de 2009

11 de julio, Soderharmn-Umea

Viernes, 11 de julio de 2008;
Soderhamn – Umea
Salgo del caro hotel tarde, notando la diferencia del buffet del desayuno para mejor. En realidad tienen lo mismo básicamente en todos sitios pero de calidad diferente. Agradezco comer algo caliente en el desayuno, que no sea una tostada y pienso que si el día viene torcido que por lo menos no me pille en ayunas.


Doy una ligera vuelta por la ciudad, Soderharmn y vuelvo a coger carretera, que ya es casi la hora de comer.
En Soderharmn hay un museo de aviones,

Todo esta ordenado y en armonía, y al alcance de todos,

Camino de Sundvall,
coches americanos por doquier,


Uno de los pasatiempos favoritos por estos lares, carreras de coches en la que casi todo vale.

La mañana se vuelve lluviosa como no puede ser de otra forma, y antes de entrar en Sundsvall inicio un suave descenso que deja entrever su zona industrial, fea, metálica y humeante, paro a repostar y aprovecho para comer en un intento casi desesperado de cumplir los horarios de las comidas del país en cuestión. Por cierto, no puedo dejar de comentar aún a riesgo de perder el gran rigor con el que narro el viaje una gran duda que me asalta desde este día. Si alguien ha estado o ha vivido en este país le rogaría me aclarara la existencia de este raro e intrigante producto. Mientras comía una hamburguesa vi en el mostrador la chapa o tapa superior de un helado, salsa o vaya usted a saber que rezaba tal que así “mangoraja”. Ignoro si se trata de un mensaje subliminal o algo así, pero desde ese día vivo sin vivir en mí, os agradecería cualquier aclaración al respecto.
Después de comer doy una vuelta por la ciudad,
parece que los regalan...



Estos suecos están en todo, mirar si son civilizados que tienen una solución para los blasfemos que se cagan en lo que no deben... Todo el mundo lleva tatuajes,

exhibición de bolei-playa en la ciudad,

alguna curiosa moto vista antes sólo en revistas...


unos moteros se interesan por mi matrícula y hablamos un poco del viaje.

Continuo camino, me detengo a la orilla de un lago, muy tranquilo, un sitio idílico con unos cisnes.

Sigo hasta Orskoldsvik, a partir de aquí las ciudades tienen trampolín de saltos de esquí; cambio de táctica, hoy voy a reservar alojamiento en la oficina de turismo pero en otra población, de esta forma tendré algo seguro y podré llegar cuando guste, y funciona, el servicio cuesta 30 coronas suecas, y me atiende tan bien el muchacho que tiene a bien el no cobrarme el servicio, va llamando a los sitios que el ve mejor según mis preferencias. Me reserva en Umea en un albergue.

Me voy tranquilo con una fina lluvia a ratos, pero unos kilómetros antes de llegar a la entrada de Umea, escampa, y una agradable luz lo envuelve todo. llego a buena hora, me instalo y me voy a dar una vuelta, no me percato que es viernes hasta que veo a la juventud bien vestida. Me vuelve a llamar la atención las chicas bien vestidas para salir, con sus tacones, un mini y como no, su teléfono y su bici.

Paseo por el río y el centro. Hay una luz preciosa. Me doy cuenta de que está mereciendo la pena este viaje, empiezo a creerme que es posible llegar, y a verlo real y más cercano.

Coches americanos por todas partes,


Mientras escribo unas letras en mi cuaderno de viaje llega otro huésped. Mueve la cabeza a modo de saludo, esta un poco alelao, es Benjamín; Se acuesta pronto, y comienza a preguntarme, conversamos un rato y al contarle lo que me pasó en su ciudad, Uppsala, me explica como funcionan aquí estas cosas y se presta a traducirme una carta al sueco para que me devuelvan el dinero de la multa, alucinante…
405 km, 7 horas.

1 comentario:

Roberto dijo...

mangoraja es una salsa de curry chavalín.