martes, 3 de marzo de 2009

4 de julio, Poitiers - Paris

Viernes, 4 de julio de 2008;

Poitiers – Paris

Hoy empecé pronto. Una ducha, el desayuno, engrasar la cadena, y recoger. En marcha a las a las 10:30.

Tomé la nacional N-10, pero creo que me perdí a la salida de Poitiers. Acabé perdiendo tiempo y avanzando poco, Chatellerault,



Dangé,



a Montbazon hay que volver,


tours,


también se merece una visita Vendome,





chartres, versalles y Paris.

Primeros contratiempos con la lengua vecina, no tengo ni idea de francés y no era capaz de hacerme entender en inglés para pedir la comida. ¡No pasa nada! La señorita que me atendía, con más recursos que yo, al percatarse que era español reclutó un portugués a gritos, con el que me pude comunicar en castellano.

La comida asi, asa, 11,50 euros por un filete de goma con muchas patatas y 3 hojas de lechuga.

Y Paris, el caos. Una hora dando vueltas y jugándomela con los locos Parisinos. Nunca había visto conducir tan peligrosamente.

Al salir de la maldita Peripherique, la circunvalación parisina, me encuentro con un ceda el paso y me detengo, creo que soy el único; mientras cruzan los peatones, los coches pasan de largo a un lado y a otro solo parando cuando ya no tienen más remedio; inicio la marcha y no me percato de que un inbécil con un 206 blanco me la intenta hacer por la derecha, le veo cuando ya lo tengo encima e impacta conmigo, no me llega a tirar, pero siento un golpe esponjoso y blandito por mi lateral derecho. Me desplaza sobre un metro, consigo controlar la moto, le miro y comienzo a lanzarle improperios en castellano antiguo y recuerdos a sus familiares mas queridos…

El caballero en cuestión ralentiza su marcha y me dice algo (entiendo que si quiero parar) miro de reojo mi alforja y al no ver nada raro le digo con la mano que no hace falta. Se aleja y veo su aleta delantera izquierda hundida y con rayajos negros.

Después del susto llego al arco del triunfo y campos eliseos, Me detengo a un lado y mientras me recupero miro la moto y veo la cuestión. La cuestión es que me ha rajado la alforja como una bolsa de patatas fritas, en ese instante comprendo lo de su aleta…




Debe ser una zona bien de la ciudad, pues hay cochazos por doquier y señoritas y caballeros bien vestidos.


Me dirijo a la “tour Eiffel” y allí echo un rato y las fotos de rigor.



Intento que alguien me haga una foto, por miedo a dejarle la cámara a cualquiera busco entre la gente; un padre con su hijo, bien, al mirar en la pantalla veo que tapo toda la torre, mardita zea mi suerte. Segundo intento, veo una familia de Hindúes, les oigo hablar en su lengua y en inglés, hay un chaval joven que hace fotos con una cámara compacta de carrete al que le ofrezco mi cámara a la vez que le pido en mi inglés si me puede hacer una foto a lo que me responde mientras da un paso atrás que no quieren cámaras, que ya tienen, jeje, no se si mondarme de risa o tirarme de cabeza por las escaleras, el mayor del grupo le da un manotazo en el hombro y me dice en castellano que claro que me hacen la foto. Me quedo alucinado.


La torre es muy grande, me ha impresionado. Algún día habrá que subir. Repostaje más caro del camino, 1,61 e/l, 21 e el depósito. Ya es de noche, y me va a ser difícil dormir barato en la ciudad asi es que de nuevo entro en la circunvalación y pongo rumbo a la A-1, busco alojamiento pasado el aeropuerto, y con el culete a escuadra paro en un formula 1 (30E) que aunque prefabricado y poco acogedor, para hacer noche servirá. Pico algo y a dormir. Estoy rendido.

420 km, 12 horas de viaje.

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