Tore – Karesuando
Como es lógico estoy cansado. Desayuno tarde, sobre las 11. Es casi la hora de comer para ellos (a partir de las 12) así que el dueño del camping me ofrece para salir del apuro un suculento desayuno, unos huevos con beicon y pan de pita que me resucitan.
Aquí tomo un camino distinto al habitual, normalmente se seguiría rodeando la costa hasta la cercana frontera con Finlandia y se subiría por Rovaniemi, pero después de estudiar el mapa y no teniendo intención de visitar a Papá Noel, decido cruzar por el interior lindando un parque natural.
Huelga decir que al rato de salir comienza a llover, como todos y cada uno de los días de viaje.


Al rato cruzo el círculo polar ártico, que aunque no es un sitio nada especial, si da la satisfacción de haber llegado hasta aquí y sobre todo por que anuncia que ya queda bastante menos para llegar a cabo norte.Hoy es un día duro, me duele la cabeza bastante, el cuello y la espalda. Malcomo en un supermercado a las 5 de la tarde y para colmo me paso el desvío de esta desierta zona, me doy cuenta a 30 km de Kiruna y regreso.
Hoy es domingo, día de carreras...

como salga el hombre del saco ya verás...Se le podría llamar la ciudad de los mosquitos. Son una plaga. Hasta ayer no había hecho uso del repelente que al preparar el viaje tanto me recomendaban traer. Todo lo que os podáis imaginar a este respecto se quedará corto. Se podría parecer a estar un puente de Agosto en un camping de Huelva al lado de un humedal, pero a lo bestia. Al ver los primeros mosquitos un par de días antes no me llamaron mucho la atención, pues son minúsculos, pero pican, saben dónde hacerlo, siempre atacan por la espalda, y en tromba.
El día anterior estrené el repelente, pero hoy…
Sólo deciros que la gente anda por la calle con unos sombreros con mosquitera, muy similares a los que usan los apicultores, por lo menos en la forma. El instinto inicial al ver el primero fue mondarme de risa, pero esa risa pronto se volvió llanto.
Encontré un camping y hablé con el recepcionista, como sólo me quedaban 200 coronas suecas en metálico y el hombre me pidió 300, saqué 150 y al decirle que no tenía más que eso, en un hábil, sutil, astuto y raudo movimiento me arrancó el dinero de las manos, sin darme tiempo a abrir la boca, me dio la llave de la hytter, dio media vuelta y desapareció.
No se puede decir que sea la mejor cabaña del mundo, pero estaba reventado.Bueno, pues descargar la moto fue una odisea, me estaban friendo a picotazos, y el fuerte repelente tan sólo los alejaba unos 10 minutos, me perseguían alrededor de la moto mientras me batía en duelo con ellos a manotazo limpio, se metían por dentro de la ropa, y cuando te relajabas, ¡pum! Otro pinchazo en la nuca.
Hace días que encontré unos yogures con fruta que se mezclan con cereales que me solucionan la mayoría de cenas y algunos desayunos. Todo un descubrimiento.
Salir al servicio es un infierno, odio los mosquitos. Aunque pequeños, hay millones que te rodean y devoran. La solución, cenar y acostarme.
450 km, 8 horas.

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